miércoles, 18 de junio de 2008

¿Por qué no me gusta el fútbol?

Pues no lo sé. Simplemente en algún momento dejó de gustarme. Alguna vez (sí, de adolescente) me hice hincha de la U, tenía posters en mi cuarto, veía los partidos por la tele, me empecé a interesar por otros equipos de fútbol (sí, el Argentino) y empecé a entrar en la fiebre futbolera. No sé cómo ni en qué momento la fiebre pasó y sobrevino en mí una especie de actitud "antifutbolera" que se mantiene firme hasta la actualidad.

Y como la vida es caprichosa, decidió que mi barrio en Barcelona sería el del Nou Camp, que los bares del alrededor de mi casa se repletaran de hinchas cada cierto tiempo y que todos los turistas y locos por el fútbol invadieran mi calle casi a diario. Sé que los entrenamientos del Barça son todos los días a las 11am (o bueno, eso me han dicho) y que a menos de 10 minutos caminando podría estar ahí y ver a los jugadores por unos pequeños huequitos que hay. Por supuesto, no lo he hecho. Es más, hace algunos días pensaba que podría encontrarme tranquilamente con algún futbolista conocido en algún restaurante, un bar o caminando por la calle y yo, ni me enteraría. Con las justas reconozco dos rostros, Ronaldinho y Messi. Me preocupé, pero de ahí se me pasó.

En estos días está la fiebre de la Eurocopa, no me importa, pero es inevitable no enterarse. Vivo con un italiano que sigue el torneo con devoción. Ayer, ganó Italia y me imagino que debe haberse puesto super contento. Me dijo que se juntarían en la casa, él y otros italianos a ver el partido. Yo no estuve, fui a la casa de un amigo peruano, a quien también le gusta el fútbol y en contra de mi voluntad terminamos viendo el Italia - Francia. Cuando acabó el partido, me dijo, quédate a ver el Perú - Uruguay. Yo por supuesto no tenía idea de lo que me hablaba, me dijo que vendría otro amigo peruano para verlo. Como ya era tarde y estaba un poco lejos de casa, decidí quedarme.

Con mucha suerte cogimos la transmisión por Internet y vimos el partido entre ATV, América y CMD. Lo que más me emocionó al inicio, fue ver algunos comerciales y escuchar la narración "en peruano". Empezó el partido y no le prestaba mucha atención, hasta que empezó:

- Gol de Uruguay!
- Maldición!!!
- Penal!!!
- ¿Queeee????? Oe, eso no es penal!!!!
- Gol de Uruguay!
- Maldita sea!!!!

En ese momento llegó Adrián (el otro peruano que había salido cogiendo el último metro para ver a su selección). Habían pasado menos de 15 minutos y ya íbamos 2 a 0. Pucha Adrián espero que traigas la suerte, comentó Luciano. Yo preferí estar muda. Pasaron los 90 minutos y nadie lo podía creer, 6 - 0. Se acabó el partido.

- Maldita sea Chemo!
- Todo es culpa de Chemo!!
- Qué vergüenza!!!
- Pucha madre, siempre es lo mismo.

Cada vez que pasan estas cosas, más que vergüenza, siento pena. Sobre todo, por quienes por alguna razón tienen esperanzas en el equipo, por los que están super pendientes de cada partido, sacando cálculos, yendo al estadio. Yo no sé nada de fútbol y por lo tanto, no puedo opinar. Sin embargo, al final de la noche, me quedé con una sensación desagradable, pensé que hubiera sido mejor no ver el partido y me reafirmé en que definitivamente, no me gusta el fútbol.

Hoy por la mañana cuando Adrián y yo nos íbamos a nuestras casas, me dijo, "no quiero ir a la universidad, en mi clase hay un uruguayo".

sábado, 14 de junio de 2008

Ella y yo

Hemos estado juntas casi un mes, luego de nueve meses de haber estado separadas. Los primeros nueve meses sin vernos fue cuando estuve en su vientre, yo no sabía dónde estaba ni quién me alimentaba, pero estoy segura que ella sin saber como sería, ya me quería. Estos han sido los segundos nueves meses que hemos estado separadas. Suena poco, pero vaya si nos hemos extrañado.

Mi madre y yo tenemos una relación casi perfecta, todavía no sé como lo hemos logrado y la verdad es que todo el mérito lo tiene ella. Creo que tiene mucho que ver con que ahora las dos seamos adultas y que llegó un momento en el cual empezamos a hablar de igual a igual, sin distancias ni jerarquías, solo dos mujeres mirándose a los ojos, contándose sus alegrías, sus penas, sus preocupaciones, sus vidas.

Pero no crean que siempre fue así, yo como toda adolescente rebelde (que me esforzaba por ser), traté de romper toda relación con ella, de separarme lo más que pudiera, de enojarla, de hacer todo lo contrario a lo que ella esperaba y muchas veces creí que había llegado el momento de alejarme de ella para siempre. Pasaron los años y empecé a quererla de otra manera, ya no como alguien a quien tenía que obedecer a ciegas, cosa que nunca pude hacer, porque desde que tengo recuerdo, siempre ando cuestionando todo; empecé a quererla como alguien que siempre ha estado conmigo, cuidando cada detalle, preocupándose cada día, sin resentimientos, sin preguntas, sin reclamos, solo a mi lado. Esperando que la rebeldía se me pasara, olvidando alguna palabra hiriente, algún berrinche o alguna mentira. Solo pacientemente, sin dejar de quererme ni por un instante.

Pasé muchos años de mi vida cuestionándola, criticándola, pidiéndole que cambiara, que sea diferente, que se pusiera en mi lugar, que comprendiera por qué hacía tal o cual cosa, que me dejara tomar mis propias decisiones, que dejara que me equivocara. Por supuesto que no lo he logrado, ella sigue pacientemente detrás de mí, detrás de cada detalle, de cada decisión, de cada día, vigilante, por si acaso la necesite en algún momento, ella pueda aparecer, ayudarme a vivir y salir adelante. Ahora se lo agradezco, pese a mi “independencia”, solo a su lado me siento segura, protegida, cuidada y querida. Solo a su lado, me siento totalmente yo, no tengo que demostrar nada, no tengo que caerle bien, no tengo que ganarme su cariño, ella ya me lo dio hace 28 años, gratuitamente. A pesar de que quizás no soy como ella espera, igual me quiere, sin reproches, sin reclamos. Sé que ya hubiera querido verme vestida de blanco, que se muere por ser abuela, que daría lo que fuera porque tenga un trabajo que me obligue a vestirme de sastre y tacones, que quisiera que me maquille y que deje de usar zapatillas. Según ella, que sea un poco más “de acuerdo a mi edad”. Y yo me siento totalmente de acuerdo a mi edad, es solo que nuestra manera de ver los 28 años es completamente diferente. Sé que se asusta cuando me escucha hablar del futuro y que en el corto plazo no mencione el matrimonio, la maternidad o seguir viviendo en su casa. No dice nada, me escucha en silencio, me acompaña, me apoya, me quiere, de una forma que a veces no logro entender, porque es mucho más de lo que mi mente y mi corazón alcanzan a sentir.

Ahora, la veo y me veo, confirmando que queramos o no, somos fieles reflejos de nuestros padres, que repetimos conductas, gestos, formas de pensar. Que al verla, sé como voy a ser cuando sea madre y cómo me miraran mis hijos, sé que repetiré frases, manías, malas costumbres y también que todo lo bueno que hay dentro de mí, se lo debo a ella.

Hace un par de días se fue, dejando la casa en orden, la refri llena, mil instrucciones y una cartita escondida. Tanto cariño solo se puede recibir de alguien como ella. Ella y yo somos amigas, compañeras, cómplices, somos dos mujeres que se miran a los ojos y se reconocen una en los ojos de la otra. Nos queremos, nos contamos secretos, nos burlamos de todo, nos matamos de risa, de vez en cuando rajamos, vamos de compras, hablamos de chicos, nos damos consejos, nos buscamos, nos extrañamos, nos llamamos y otra vez, nos queremos. Ella es todo en mi vida.

domingo, 8 de junio de 2008

Y sin embargo...

La semana pasada un amigo me contó que le había sacado la vuelta a su chica y pese a que estaba arrepentido, se encontraba tranquilo. Me dijo que lo que había pasado, no le había hecho dudar ni por un momento lo que sentía por su novia. Me acordé en ese instante de otro amigo, que tiene una relación muy abierta con su pareja. Ambos consideran que la infidelidad no es mala, siempre y cuando se tenga claro por qué se hace y a quién se quiere realmente. Cada vez que me cuenta las cosas que hacen y como les va, me sorprendo y me alegro, porque son felices sin reprimirse y sin engañarse.

Venía yo pensando en "ese caso de la vida real", sin saber muy bien qué decir o sentir... solo entonando a Sabina, que tiene una canción que retrata un amor libre pero sincero, no sé si será el verdadero, (o si es que exista algo que deba llamarse así) pero por lo menos, creo que se le asemeja.

Este es de los párrafos que más me gustan:

Ni tan arrepentido, ni encantado
de haberme conocido, lo confieso.
Tú que tanto has besado,
tú que me has ense
ñado,
sabes mejor que yo, que hasta los huesos,
solo calan los besos que no has dado,
los labios del pecado.

Canción para hablar del amor: Y sin embargo - Joaquín Sabina.




sábado, 31 de mayo de 2008

Nostalgia del futuro

Este fin de semana he estado rodeada de mis mejores amigos en Barcelona: los peruanos. Ya me decían antes de venir, que trate de no juntarme tanto con peruanos porque no tendría sentido haber viajado tan lejos para seguir parando con las mismas personas. Como siempre, desobedecí. Ya conocía a uno desde Lima y él fue quien me introdujo en el mundo de los peruanos en Barcelona y se lo agradezco.

De todos los grupos de amigos que he hecho (que no son muchos), es con los peruanos con quien mejor la paso, es como una complicidad implícita, de saber que somos parte del mismo grupo, de usar las mismas jergas sin tener que explicarlas, de contarnos los chismes limeños, de reírnos de lo mismo (cosa que es sumamente importante), de sentirnos iguales en medio de una ciudad en la que somos diferentes.

Ya hace algunas semanas les conté que tenía mi pasaje de vuelta, no hubo muchos comentarios, creo que todos sabemos como es la dinámica. Llega un peruano y se le presenta "al grupo", rápidamente entramos en confianza y ya somos patas, sin embargo, la amistad en Barcelona es pasajera, algunos se quedarán por un tiempo más largo y otros (como yo) regresarán cuando se acaben las clases. Pese a que todos sabemos como funciona, no quiere decir que cuando pasa no se nos mueva todo... (interiormente me refiero!)

Como comenté en una entrada anterior, aún no he asimilado lo que significará dejar Barcelona, mi casa compartida, mis propios horarios, mi vida de estudiante, mis nuevas costumbres, mi espacio. Si hay algo que ha caracterizado mi tiempo aquí, es que ha sido solo mío y por lo tanto sujeto a mis ganas, a mis antojos, a lo que me provocara hacer o no hacer.

El sábado en la casa de Luciano (el líder del grupo), sentí por primera vez, nostalgia de algo que todavía no he vivido. Sentí nostalgia del futuro, de los días en los que ya no estaré y que estoy segura me harán mucha falta. No puedo desarrollar mucho esta sensación, solo apareció y no quise dejarme invadir por ella, por ahora prefiero disfrutar el presente y cargarme de Barcelona y sus peruanos, para que cuando no esté... no los extrañe tanto!

martes, 27 de mayo de 2008

El círculo virtuoso

Hoy como todos los días, me levanto, camino sonámbula hacia la ducha, regreso y prendo la compu. Mi adicción hacia Internet cada vez se intensifica más. Entro a la página de El Comercio y la primera noticia que leo dice: La pobreza en el país disminuyó 5,2% en el 2007. No es novedad, es algo que ya veníamos oyendo, pero esta vez me sentí remecida por la nota.

Comentaba en la entrada anterior, que la economía favorable del Perú, no había sido suficiente para generar un ambiente optimista y me había quedado con esa sensación. Aumentada además, porque en estos días (que he recibido la visita de mis papás) hablábamos sobre las diferencias que hay entre los servicios públicos españoles y los nuestros, en especial lo relacionado al transporte, que es de los principales problemas que tenemos. Comentábamos también acerca de las diferencias en el estilo de vida, según mi papá (y concuerdo) en Lima vivía mejor de lo que vivo ahora, aunque en parte, se debe al hecho de dejar de trabajar para ser nuevamente estudiante. Sin embargo, esta no es una realidad generalizada. Nuestro país está totalmente fragmentado, son varias situaciones las que conviven, hay unos pocos que forman parte de los niveles socieconómicos más acomodados y una gran mayoría que pertenece a la abultada franja de pobreza.

Pese a estas desigualdades, la noticia de la mañana me dejó algo de optimismo. Si bien un 5% menos de pobreza no es suficiente para cambiar la situación del país, es algo. El reto debe continuar y concentrarse especialmente en las zonas rurales. Según el INEI, la mayor disminución se registró en el área urbana, de 31,2% en el 2006 a 25,7% en el 2007, mientras que en el área rural disminuyó de 69,3% a 64,6%.

Es cierto que la pobreza nos golpea día a día, a través de la gente que vemos en la calles, en la falta de empleo, de educación, de servicios básicos de salud o vivienda, pero poco a poco vamos avanzando. Esta reducción de 5 puntos porcentuales
representa un millón 380 mil peruanos que dejaron de ser pobres y esa es una buena noticia.

Para García
esta disminución de la pobreza es signo del correcto manejo económico del país y auguró que en el 2015 se reducirá en 10 por ciento. Macroeconómicamente estamos viviendo una época de bonanza, este crecimiento nos ha metido en un círculo virtuoso, del que no solo no debemos salir, sino que además tenemos que sacarle el mejor provecho posible. Esa es la gran tarea del gobierno y yo ahora, miro el futuro del país con paciencia y optimismo.

PD. La niña de la foto se llama Lady Karina (es mi casi tocaya) y vive en el Cusco. Esas piedras son las paredes de su casa y esa, su cocina. Muchas veces cuando hablamos de pobreza, nos concentramos solo en los números, 40% de peruanos. Nuestros pobres tienen rostro, tienen necesidades, tienen preocupaciones. A todos nos corresponde que el entorno favorable que vivimos ahora, termine con la pobreza y la desigualdad social (o por lo menos se reduzca considerablemente). A eso apuntamos.

sábado, 17 de mayo de 2008

Vuelvo a casa

He tenido super olvidado este espacio. Han sido días de viajes, de idas y venidas, de lecturas, trabajos, visitas y pocas horas de sueño, pero este tiempo ha tenido algo en común, ha estado cargado de peruanidad.

Estuve hace dos semanas en Salamanca, en un congreso sobre "Perú en el siglo XXI" y desde varios puntos de vista (históricos, políticos, económicos, etc) se analizaba y describía la situación del Perú, la estabilidad económica, el crecimiento sostenido (por encima del promedio de la región), reformas significativas que ha hecho el Estado y muchas otras buenas noticias que lamentablemente, no fueron suficientes para dejar una sensación optimista. Por alguna razón esta bonanza macroeconómica no está pudiendo resolver los problemas más básicos, el empleo (pese a haber crecido) sigue siendo insuficiente, la pobreza (aunque se ha reducido) sigue golpeándonos, no vivimos más en un estado de guerra, pero las recomendaciones de la CVR siguen sin cumplirse y el gobierno bajo cualquier pretexto ningunea los movimientos de DD.HH y entre las cosas que a mi parecer son más graves, es que este crecimiento económico no está sirviendo para disminuir las desigualdades sociales.

Hace pocos días tuve que entregar un trabajo que me llevó a buscar información sobre los peruanos en España y sobre el efecto migratorio que sufre el Perú. Los números son alarmantes, el año pasado se fueron del país cerca de 400 000 personas, lo que nos lleva a un promedio de 1000 personas al día. Pese a que supuestamente la situación del país está ahora mucho mejor y las dificultades para los inmigrantes cada vez aumentan más (sobre todo si son ilegales, sino veamos Italia y sus medidas de emergencia), pese a todo ello, los peruanos se siguen yendo.

Todo esto coincidió con mi angustiosa búsqueda de conseguir un cupo para regresar a Lima. Ya lo tengo. La cuenta regresiva ha empezado, lo sé pero todavía no lo asimilo, ya habrá tiempo para eso. Por lo pronto, este año formaré parte del angosto grupo de peruanos que regresan a casa.

Canción para volver - Illapu

viernes, 2 de mayo de 2008

El trabajo

Ayer fue el día del trabajo. Comparado con la mayoría de trabajadores, podría decir que mi etapa como parte de la PEA ha sido bastante corta, desde el último año de universidad hasta unos quince días antes de viajar a Barcelona. En esos 4 años y un poquito más, salí de vacaciones solo 3 veces (que sumado hicieron un mes de descanso) y trabajé tantas horas extras que seguramente ya llevo unos 10 años trabajados. Me enfermé de gastritis, mis migrañas se intensificaron y perdí buena parte de mi vida social porque no tenía tiempo o estaba demasiado cansada.

Sin embargo, formaba parte del escaso 40% de trabajadores que cuenta con beneficios laborales. Este dato es de la última encuesta de opinión de la PUC, que sin ser una sorpresa, nos revela datos desalentadores sobre la situación laboral de los limeños. El 90% de los entrevistados considera que los trajadores peruanos están poco o nada protegidos por las leyes laborales y lo que más se reclama es estabilidad en el empleo (37%) y buenos ingresos (25%).

Estos datos preocupan, la situación del trabajador preocupa. Nos hemos creído el cuento de que es mejor trabajador aquel que hace innumerables horas extras, el que nunca sale a la hora, el que a veces no tiene tiempo para almorzar, el que no sale de vacaciones, el que no reclama, el que agradece el simple hecho de estar empleado. Esto me recuerda a la última Conferencia Anual de Ejecutivos, en donde Alan García se apareció para decirle a los empresarios que suban los sueldos. ¿Cuándo se animarán los empresarios justos y prósperos a hacerle caso al presidente y pagar lo que corresponde? Ni más ni menos, solo lo que es justo.

No hay mucho más que decir, es un día que nos invita a la reflexión. Como escribió Susana Villarán en La República, quienes celebran la fiesta son otros, no los trabajadores.

Acá un pedacito del texto, que recomiendo leer: