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domingo, 2 de junio de 2013

Las otras

Hay un dicho que dice que en lío de dos, el tercero sale sobrando. Y es verdad, pero ¿qué hacemos cuándo una tercera interfiere en nuestra relación de a dos? 

Me refiero a la relación que tenemos con nuestro bebe. Esa relación que recién está empezando a desarrollarse, que está llena de dudas, de desconocimiento, de incertidumbres, miedos, angustias. Esa nueva relación que lo último que necesita es la voz de una madre experimentada que te dice que lo que estás haciendo no está bien, que por ahí no va la cosa, que mejor hazlo de esta manera, que a ella le funcionó muy bien. 

Esas "otras" que seguramente tienen la mejor la intención con sus comentarios, a veces no nos hacen nada bien. Y es que no solo llegan a nuestros oídos infinitos comentarios, sino que además son contradictorios entre sí. No lo cargues que se va a acostumbrar a los brazos (eso creo que es lo más común de todos), déjalo llorar para que desarrollen sus pulmones, no lo dejes llorar, dale biberón para que se acostumbre, abrígalo es un bebé y siente más frio que tu, no lo abrigues tanto, no lo bañes de noche que ya está empezando a hacer frio, tienes que bañarlo de noche para que se relaje y duerma mejor, ponle chupón es mejor a que se chupe los dedos, dale de lactar solo hasta los 6 meses, ni se te ocurra meterlo a tu cama porque de ahí no lo saca nadie, es mejor que duerma en su cuarto desde pequeñito y que cada quien tenga su espacio, al comienzo va a llorar pero de ahí no sabes la maravilla que es!

Podría llenar toda esta entrada con todos los comentarios que he escuchado apenas en estos tres primeros meses y estoy segura que ustedes terminarían tan confundidos como yo. ¿Entonces qué hago?, ¿lo cargo o no lo cargo?, ¿lo abrigo o lo desabrigo?, ¿le doy biberón o dejo que solo mame de mi pecho?, ¿lo baño de día y de noche o ahora que ya hace frío solo de noche? Muchas veces, pero muchas veces no sé que hacer, no sé si tiene frío o calor, no sé si tiene sueño o hambre, no sé si está aburrido o con cólico de gases, no sé si dejarlo dormir a mi lado o pasarlo ya a su cuna. No sé si fue buena idea regresar tan tarde a la casa o no debimos salir porque todavía tiene moquitos (rezagos de su primer resfrío), no sé si la bulla lo inquieta o lo sorprende. Simplemente no sé y aunque a veces quisiera tener poderes y saber todo sobre mi niño, no puedo. Todavía estamos en un proceso, aprendiendo a conocernos, recién llevamos tres meses y nos queda toda la vida.

Sé que las mamás experimentadas tienen buena intención cuando comparten lo que hicieron ellas o les funcionó mejor, pero sé también que cada mamá y cada bebé es diferente. El mío tiene una forma particular de ser y yo debo encontrar el estilo de crianza que mejor se nos acomode a los tres (papá incluido). ¿Qué es lo que más me sirve para eso? Seguir mi instinto, lo que creo y quiero hacer, lo que me da más tranquilidad. Pero a veces suele pasar que cuando intento algo, me dicen que así no, que mejor pruebe de otra manera y justamente eso no me da tranquilidad. Entonces, de manera esquizofrénica me desdoblo, por un lado escucho lo que me dicen y por el otro persisto en mi idea original (terquedad que le dicen). Generalmente es un ensayo - error, en ocasiones funcionan algunas cosas y otras veces no.

Pero no crean que todo es terquedad, intento ser flexible en muchas ocasiones. Escucho y leo de todo, presto atención a un menor porcentaje y algunas de esas cosas las pongo en práctica. A veces me va bien, a veces me va mal. Mientras tanto sigo probando y prestando atención a mi niño, para seguir conociéndolo más y más. Pero así como escucho, pongo atención y pruebo algunas cosas, hay otras que he decidido hacer de cierta manera y quiero que sigan así:

1. Voy a seguir alimentando a mi hijo exclusivamente con leche materna
2. Voy a seguir amamantándolo todo el tiempo que sea posible y que los dos queramos
3. Vamos a seguir durmiendo en el mismo cuarto hasta que ya no entre en el moisés o hasta que duerma la mayor parte de la noche de corrido (lo que pase primero)
4. Voy a seguir cargándolo todo el tiempo que él quiera (aunque a sus tres meses ya me pese mucho).

No pienso ni me preocupa si se va a "mal acostumbrar" a la teta, a los brazos o a dormir con nosotros, porque si hay algo que nos hace bien a los dos, no puede ser una mala costumbre. Y eso lo explica muy bien el dr. Carlos Gonzales, un pediatra catalán, que al menos a mí, me hace mucho sentido todo lo que dice. Aquí un video cortito:



Yo no creo que haya un estilo o un método que sea mejor que otro, creo que cada madre debe encontrar cuál es el suyo, qué cosa le funciona mejor a ella y a su bebé. Y como no nos podemos salvar de lo que nos van a decir "las otras", no nos queda más que escuchar pero prestar atención solo a los que nos hace sentido y nos da tranquilidad,  a nosotras y a nuestros bebés.

domingo, 10 de junio de 2012

La casa nueva

Hace más de dos meses me mudé a la casa nueva, dando inicio a una etapa totalmente novedosa, llena de entusiasmo, alegría y mucha ilusión.

No es un cliché eso del “tiempo pasa volando”, es la descripción más exacta que hay de la vida, el día a día pasa tan de prisa, que solo cuando paramos y miramos hacia atrás o cuando nos encontramos con gente que conocemos años y hasta décadas, nos damos cuenta del tiempo que ha pasado.

Así ha ocurrido con estos dos meses: pasaron volando, tratando de acomodarnos en este nuevo espacio, comprando artefactos, poniendo cortinas, organizando la limpieza, las compras, los gastos, los horarios de dormir y de levantarse, armando nuestra nueva vida juntos. Esa que empezamos cerrando y abriendo, empacando y desempacando, guardando y sacando, era el fin de una etapa y el comienzo de otra. Yo cerraba más de dos años de convivencia con mi única “roomie” limeña, cerraba mi vida de “independencia” fuera de la casa de mis padres, cerraba mi depa de soltera, cerraba toda una época. Pero, a diferencia de lo que me suele ocurrir con las despedidas y los puntos finales, esta vez, estaba feliz, era lo que tenía y quería hacer, como cuando un niño luego de caminar como robot empieza a caminar firme y luego corre y corre y corre.

Yo he empezado a correr (en sentido figurado, porque la verdad ni camino!). Una enorme felicidad inunda mis días y tengo impaciencia por vivir el futuro. En este camino tengo algunas certezas y muchas incertidumbres. No sé como serán los siguientes meses, solo sé que quiero seguir viviéndolos como hasta ahora. El futuro se escribirá solo.

lunes, 9 de febrero de 2009

¿A qué te dedicas?

Desde hace días quiero terminar esta entrada y no puedo. Me siento frente a la pantalla y las palabras no me salen y sin embargo, siento que tengo tanto que contar, tanto de lo que quisiera escribir... mi mente no para de procesar, pensar, criticar, cuestionar... pero todo con tanto desorden, que no, no puedo escribir.

Comencé a escribir este post hace un par de semanas, cuando sentí que había llegado el momento de hablar de lo que más me cuestiona en estos días: el trabajo. Ahora confirmo que ni siquiera puedo hablar con claridad del tema... empiezo a preocuparme seriamente. Empezaba así:

Hoy le contaba a un amigo que hasta ahora, la peor etapa de mi vida ha sido la pre-universitaria. Me molestaba muchisímo cada vez que me preguntaban ¿a qué te dedicas?, ¿qué estudias?, ¿qué haces?. No era ni escolar ni universitaria, me sentía en el limbo, ni una cosa ni otra, "me estaba preparando" y a decir verdad, no sabía muy bien para qué. Esa etapa de transición me costó mucho, pero pasó y ahora la siento cada vez más y más lejana, pero la sigo recordando como la peor.

Si ahora me preguntaran a qué me dedico, la respuesta sería mucho más sencilla y definitivamente no me molestaría contestarla, pero si me preguntaran si me gusta lo que hago, no sabría bien que responder. Desde hace meses vengo pensando en lo que hago para ganarme la vida y sobre todo, si deseo ganarme la vida de esa manera. Aún no lo sé. Ahora mismo, mi trabajo me gusta y me disgusta, me hace sentir cómoda e incómoda, me entusiasma y me aburre, lo comparto con gente que adoro y también con quienes ya no puedo ni ver... es un mar de sensaciones opuestas entre sí... y sigo sin encontrar un norte... ni siquiera un sur... ¿desorientada?. Creo que esa es la palabra.

Solo llegué a esos dos párrafos... y ahora, sentada frente a mi compu, robándole minutos a mi horario laboral, tengo ganas de apagar todo y salir a caminar, ver la luz del día y esperar que anochezca mirando el cielo. Tengo ganas de ir al cine y ver la película que ganó el Oscar. Tengo ganas de salir con mis dos abuelitos (mi única paterna y mi único materno) y comer helados en abundancia. Tengo ganas de tirarme a la cama, de ponerme a leer, de ver televisión, de encontrarme con gente, de no esperar a que sea la hora de salida. Tengo ganas de todo, menos de estar acá. Y sin embargo, para hacer cualquiera de las cosas que quiero, voy a necesitar dinero, dinero que solo obtengo porque estoy acá (en mi oficina).

No es que no quiera trabajar, quien me conoce de cerca, sabe lo fanática que soy de la chamba, lo tarde que salgo, lo mucho que hago. El asunto de fondo es que no sé si deseo ganarme la vida de esta manera... y lo que menos quiero es instalarme, ponerme en piloto automático, dejar que los días pasen y seguir viniendo por inercia porque aquí trabajo y ni siquiera cuestiono el por qué.

En fin... sigo desorientada y esa creo que es la palabra que mejor describe este momento. Perdonen lo desintegrado del texto. He hecho mi mejor esfuerzo.

sábado, 14 de junio de 2008

Ella y yo

Hemos estado juntas casi un mes, luego de nueve meses de haber estado separadas. Los primeros nueve meses sin vernos fue cuando estuve en su vientre, yo no sabía dónde estaba ni quién me alimentaba, pero estoy segura que ella sin saber como sería, ya me quería. Estos han sido los segundos nueves meses que hemos estado separadas. Suena poco, pero vaya si nos hemos extrañado.

Mi madre y yo tenemos una relación casi perfecta, todavía no sé como lo hemos logrado y la verdad es que todo el mérito lo tiene ella. Creo que tiene mucho que ver con que ahora las dos seamos adultas y que llegó un momento en el cual empezamos a hablar de igual a igual, sin distancias ni jerarquías, solo dos mujeres mirándose a los ojos, contándose sus alegrías, sus penas, sus preocupaciones, sus vidas.

Pero no crean que siempre fue así, yo como toda adolescente rebelde (que me esforzaba por ser), traté de romper toda relación con ella, de separarme lo más que pudiera, de enojarla, de hacer todo lo contrario a lo que ella esperaba y muchas veces creí que había llegado el momento de alejarme de ella para siempre. Pasaron los años y empecé a quererla de otra manera, ya no como alguien a quien tenía que obedecer a ciegas, cosa que nunca pude hacer, porque desde que tengo recuerdo, siempre ando cuestionando todo; empecé a quererla como alguien que siempre ha estado conmigo, cuidando cada detalle, preocupándose cada día, sin resentimientos, sin preguntas, sin reclamos, solo a mi lado. Esperando que la rebeldía se me pasara, olvidando alguna palabra hiriente, algún berrinche o alguna mentira. Solo pacientemente, sin dejar de quererme ni por un instante.

Pasé muchos años de mi vida cuestionándola, criticándola, pidiéndole que cambiara, que sea diferente, que se pusiera en mi lugar, que comprendiera por qué hacía tal o cual cosa, que me dejara tomar mis propias decisiones, que dejara que me equivocara. Por supuesto que no lo he logrado, ella sigue pacientemente detrás de mí, detrás de cada detalle, de cada decisión, de cada día, vigilante, por si acaso la necesite en algún momento, ella pueda aparecer, ayudarme a vivir y salir adelante. Ahora se lo agradezco, pese a mi “independencia”, solo a su lado me siento segura, protegida, cuidada y querida. Solo a su lado, me siento totalmente yo, no tengo que demostrar nada, no tengo que caerle bien, no tengo que ganarme su cariño, ella ya me lo dio hace 28 años, gratuitamente. A pesar de que quizás no soy como ella espera, igual me quiere, sin reproches, sin reclamos. Sé que ya hubiera querido verme vestida de blanco, que se muere por ser abuela, que daría lo que fuera porque tenga un trabajo que me obligue a vestirme de sastre y tacones, que quisiera que me maquille y que deje de usar zapatillas. Según ella, que sea un poco más “de acuerdo a mi edad”. Y yo me siento totalmente de acuerdo a mi edad, es solo que nuestra manera de ver los 28 años es completamente diferente. Sé que se asusta cuando me escucha hablar del futuro y que en el corto plazo no mencione el matrimonio, la maternidad o seguir viviendo en su casa. No dice nada, me escucha en silencio, me acompaña, me apoya, me quiere, de una forma que a veces no logro entender, porque es mucho más de lo que mi mente y mi corazón alcanzan a sentir.

Ahora, la veo y me veo, confirmando que queramos o no, somos fieles reflejos de nuestros padres, que repetimos conductas, gestos, formas de pensar. Que al verla, sé como voy a ser cuando sea madre y cómo me miraran mis hijos, sé que repetiré frases, manías, malas costumbres y también que todo lo bueno que hay dentro de mí, se lo debo a ella.

Hace un par de días se fue, dejando la casa en orden, la refri llena, mil instrucciones y una cartita escondida. Tanto cariño solo se puede recibir de alguien como ella. Ella y yo somos amigas, compañeras, cómplices, somos dos mujeres que se miran a los ojos y se reconocen una en los ojos de la otra. Nos queremos, nos contamos secretos, nos burlamos de todo, nos matamos de risa, de vez en cuando rajamos, vamos de compras, hablamos de chicos, nos damos consejos, nos buscamos, nos extrañamos, nos llamamos y otra vez, nos queremos. Ella es todo en mi vida.