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viernes, 1 de febrero de 2008

Nuestro amor murió

Llego a mi casa después de clases y me encuentro con una nota en la mesa de la sala:

"Chicos, si pueden veámonos mañana a las 21.30 para conversar sobre el futuro
del piso. Nicolás".

Nicolás es el que nos alquila las habitaciones, nosotros le pagamos cada mes y él le paga al dueño del departamento. Era el señor barriga de la casa. Especulaciones van, especulaciones vienen… hasta que confirmamos que Nicolás se fue de la casa.

Entramos en shock! ¿Tendremos que salir todos?, ¿hasta cuándo nos podremos quedar en la casa?, ¿cómo se ha ido de esa manera?, ¿a dónde se ha ido?, ¿por qué no nos dijo nada? Millones de preguntas, confusión, nerviosismo y sobre todo rabia. Hicimos una pequeña reunión de emergencia, planteamos algunas hipótesis, sacamos cuentas, las volvimos a hacer y nos autoconvencimos de que era lo mejor que nos podía haber pasado.

Desde hace semanas la convivencia se había vuelto casi insostenible. Al inicio, como todas las relaciones, empezó con una enorme cuota de entusiasmo, ver películas, preparar comida, cenar juntos, lavar los platos del otro, prestarnos cosas, hacernos favores, etc, etc, etc. No pasó mucho tiempo para que esta etapa se desvaneciera y pasara a la fase de no soporto que dejes las cosas tiradas, que no laves tus platos, que hagas esa comida que huele mal, que escuches esa música, etc, etc, etc. Ante la primera crisis, llegaron épocas de esperanza, “no lo vuelvo a hacer, lo juro!”. Ahora si vamos a cambiar, ser más ordenados, vamos a lavar, limpiar, recoger nuestras cosas, etc, etc, etc. ¿El final? Pues volvimos a la etapa de entusiasmo para pasar luego a la de crisis y quedarnos estancados.

Nicolás se ha ido, Inés se mudará pronto, Jorge regresará a Colombia. Solo quedamos Dani y yo. Esta historia continuará…