sábado, 12 de abril de 2008

¿Y ahora qué?

No sé. Hace mucho que no escribo en este hueco y no por falta de ganas o de ideas, sino por falta de tiempo. Ya me había olvidado del significado de esas tres palabras y sobre todo de la sensación que generan. No me gusta. Los meses están pasando muy de prisa, las clases me están desbordando y el final de la maestría se convierte en sinónimo de… ¿tesis?, ¿en pleno verano?, ¿en vacaciones?, ¿en Barcelona? No suena bien, lo sé.

Pero el final también es sinónimo de ¿y ahora qué? Lo más sencillo sería no cuestionarlo y regresar, la conducta más esperable. Sin embargo, me paso la vida complicando hasta las decisiones más sencillas de tomar, dándole vueltas a todo, imaginando como sería la historia si esto en lugar de lo otro. ¿Regresar será mejor que quedarse?, lo que siempre pienso es ¿quedarse para qué?, ¿qué tanto estoy dispuesta a hacer para escribir mi historia viviendo fuera del Perú? Y otra cosa que también pienso siempre es ¿regresar para qué? Mi vida en Lima la conozco de memoria, lo que quiero y extraño ahí estará, esperándome volver y me llena de alegría, de entusiasmo, de luz y lucidez; pero lo que no quiero y no extraño, también estará y eso me llena de cólera, de pena y sobre todo de frustración.

Hace algunos sábados fui a un encuentro de mujeres peruanas en Barcelona, desde que estoy acá ha surgido en mí cierta fascinación por el fenómeno de la migración. Es algo que he empezado a ver de una forma muy distinta. Fue muy interesante escuchar historias, ver rostros, leer testimonios, todas mujeres, todas peruanas… como yo. Algunas habían venido hace muchos años, cuando no se necesitaba visa y conseguir la legalidad o incluso la nacionalidad española era una cuestión muy sencilla de resolver. Otras llegaron escapando del terrorismo, del gobierno de Alan (sí, ese que tenemos otra vez!!), de la dictadura de Fujimori… y las más recientes, llegadas alrededor del nuevo siglo.

Creo que las mujeres en comparación a los hombres, tienen motivaciones distintas para emigrar. Muchas habían venido para unirse a sus esposos y habían traído a sus hijos (a los que habían podido traer), algunas se habían enamorado y casado con españoles, otras habían venido a estudiar y se habían quedado y también estaban las que habían conseguido una visa de turista y no regresaron más. De este último grupo me llamó la atención Giovanna, entró a España hace un par de años, empezó a buscarse la vida y se quedó. El menor de sus hijos tenía 10 meses cuando vino, ella y su esposo habían terminado la universidad en Arequipa y ninguno de los dos encontraba trabajo. Estar acá era una forma de ayudar económicamente a su familia, de poder pagarles un colegio particular a sus hijos, de reducir su culpa y su soledad al estar lejos… su historia me conmovió. Giovanna no sabía qué hacer, si quedarse a pesar de la tristeza, de la distancia, de lo duro que debe ser sentirse una “ilegal”, de saber que si sales no podrás volver a regresar…. Sentía que de irse, todo el esfuerzo no valdría la pena, pero de quedarse, cada día sin ver crecer a sus hijos era muy doloroso y hay cosas, muchas cosas, que el dinero no logra resolver.

Yo no creo en las casualidades y ayer, después de haber estado pensando tanto en ella, me la encontré en el metro, regresaba del trabajo (como no tiene documentos, un quehacer de bajo peligro es la limpieza doméstica) hablamos un poquito y me dijo que había decidido regresar al Perú, estaba buscando pasajes para setiembre. No pudimos hablar más, tuvo que bajarse… no sé por qué su decisión me dio tranquilidad. Pienso en ella y pienso en las mujeres que viven fuera de su país, que están lejos de sus familias... y al hacerlo, de alguna manera pienso en mí también.

Uno de los caballitos de batalla de las pasadas elecciones presidenciales fue la lucha contra la inmigración, Rajoy culpaba a Zapatero de no haber hecho nada para reducirla y que más bien España se había convertido en una coladera…. los inmigrantes entraban como Pedro a su casa, él tomaría medidas drásticas para impedirlo, aquí un extracto de lo que dijo en el segundo debate: “(…) hay muchas personas que se ven perjudicadas, las personas que vienen de fuera tienen derechos, pero los españoles también tienen derechos y a la hora de ir a una plaza escolar, a la hora de ver qué se puede hacer con las becas de comedor, a la hora de ir a la sanidad pública, a la hora de buscar viviendas, pues algunos españoles se pueden ver perjudicados”. Es decir, para Rajoy, las personas que vienen de fuera le están quitando un lugar en el colegio a un niño español o lo que es peor una atención médica en un hospital!! Hay algo que se llama intolerancia y que muchas veces nos lleva a hacer juicios poco correctos. Entre los partidos de derecha (como el de Rajoy), en Cataluña hay uno que se llama Convergencia y Unión (CiU), hace unos días vi un rezago de la campaña… juzguen ustedes mismos.

Por si no entiende bien el catalán, lo que dice es: “La gente no se va de su país por ganas sino por hambre. Pero en Cataluña no cabemos todos”. Duran fue un candidato al parlamento español, no sé si consiguió un escaño o no, pero por lo menos el partido quedó bastante maltratado en las pasadas elecciones, eso me hace pensar que el sentido común no se ha perdido del todo en Cataluña.

Toda esta descripción de ideas y sucesos no son más que la cantidad de información no procesada que hay en mi cabeza. Ser extranjero es una experiencia compleja, de bueno tiene mucho, pero de incómodo también. Saber que eres diferente, que tu acento es distinto, que tus comidas son otras, que tu forma de celebrar, de saludar, de hablar… aunque similar (claro, no estoy en la China) es diferente. Pese a ello, me sigo preguntando ¿y ahora qué?, ¿a dónde quiero ir?, ¿dónde quiero estar?, ¿de qué forma quiero vivir?, ¿con quién quiero vivir?... quizás ya esté demasiado grande para plantearme estas preguntas… quizás esté viviendo una adolescencia tardía (otra vez!)…. quizás ya debería tenerlo resuelto, pero no es así. Quiero ser protagonista de mi vida, ser yo quien tome las decisiones, aunque me pueda arrepentir, no quiero hacer lo que se supone, lo que se espera, lo que “tiene que ser”, sin la certeza de que es lo correcto, lo que tarde o temprano me hará sentir bien, satisfecha, feliz.

Hay una canción de Ismael Serrano que me reconforta mucho, ahora cuando la escucho pienso en Giovanna… ¿me habré obsesionado con ella? Aquí un parrafito y luego la canción.

No estarás sola,
siempre habrá quien te ayude a hacer las mudanzas,
quien te regale manos, flores, presencias, sin pedir nada.


4 comentarios:

Historia de los Días dijo...

bastante existencial la pregunta de inmigrar o no inmigrar. sería como "vivir una nueva vida o no vivirla", y bueno, me pregunto que día entre los días de mi vida tendré que hacérmela. ¿y ahora qué?, vaya, yo me pregunto exactamente lo mismo sobre mi existencia, gracias por compartir la tuya

saludos desde el otoño de Lima

Anónimo dijo...

a mi opinión, la felicidad va más allá de que quieras o no hacer lo "correcto", lo "esperable"
la felicidad es un estado mental
más bien, el hecho que busques tanto qué hacer y que te rompas la cabeza pensando que quieres ser feliz es poco conciliable con la idea de serlo
te estás haciendo demasiadas bolas... si fueras feliz, no te las harías.
si quieres ser feliz, no te las hagas!

karinam dijo...

Muy divertida la historia de tus días!!! Gracias a ti por visitar Hutku!

Anónimo, creo lo contrario... para ser feliz hay que "hacerse bolas", así cuando llega la felicidad, se saborea más.

Cinthia dijo...

Solamente puedo decirte: "Regresa a casa"...te esperamos...