domingo, 2 de junio de 2013

Las otras

Hay un dicho que dice que en lío de dos, el tercero sale sobrando. Y es verdad, pero ¿qué hacemos cuándo una tercera interfiere en nuestra relación de a dos? 

Me refiero a la relación que tenemos con nuestro bebe. Esa relación que recién está empezando a desarrollarse, que está llena de dudas, de desconocimiento, de incertidumbres, miedos, angustias. Esa nueva relación que lo último que necesita es la voz de una madre experimentada que te dice que lo que estás haciendo no está bien, que por ahí no va la cosa, que mejor hazlo de esta manera, que a ella le funcionó muy bien. 

Esas "otras" que seguramente tienen la mejor la intención con sus comentarios, a veces no nos hacen nada bien. Y es que no solo llegan a nuestros oídos infinitos comentarios, sino que además son contradictorios entre sí. No lo cargues que se va a acostumbrar a los brazos (eso creo que es lo más común de todos), déjalo llorar para que desarrollen sus pulmones, no lo dejes llorar, dale biberón para que se acostumbre, abrígalo es un bebé y siente más frio que tu, no lo abrigues tanto, no lo bañes de noche que ya está empezando a hacer frio, tienes que bañarlo de noche para que se relaje y duerma mejor, ponle chupón es mejor a que se chupe los dedos, dale de lactar solo hasta los 6 meses, ni se te ocurra meterlo a tu cama porque de ahí no lo saca nadie, es mejor que duerma en su cuarto desde pequeñito y que cada quien tenga su espacio, al comienzo va a llorar pero de ahí no sabes la maravilla que es!

Podría llenar toda esta entrada con todos los comentarios que he escuchado apenas en estos tres primeros meses y estoy segura que ustedes terminarían tan confundidos como yo. ¿Entonces qué hago?, ¿lo cargo o no lo cargo?, ¿lo abrigo o lo desabrigo?, ¿le doy biberón o dejo que solo mame de mi pecho?, ¿lo baño de día y de noche o ahora que ya hace frío solo de noche? Muchas veces, pero muchas veces no sé que hacer, no sé si tiene frío o calor, no sé si tiene sueño o hambre, no sé si está aburrido o con cólico de gases, no sé si dejarlo dormir a mi lado o pasarlo ya a su cuna. No sé si fue buena idea regresar tan tarde a la casa o no debimos salir porque todavía tiene moquitos (rezagos de su primer resfrío), no sé si la bulla lo inquieta o lo sorprende. Simplemente no sé y aunque a veces quisiera tener poderes y saber todo sobre mi niño, no puedo. Todavía estamos en un proceso, aprendiendo a conocernos, recién llevamos tres meses y nos queda toda la vida.

Sé que las mamás experimentadas tienen buena intención cuando comparten lo que hicieron ellas o les funcionó mejor, pero sé también que cada mamá y cada bebé es diferente. El mío tiene una forma particular de ser y yo debo encontrar el estilo de crianza que mejor se nos acomode a los tres (papá incluido). ¿Qué es lo que más me sirve para eso? Seguir mi instinto, lo que creo y quiero hacer, lo que me da más tranquilidad. Pero a veces suele pasar que cuando intento algo, me dicen que así no, que mejor pruebe de otra manera y justamente eso no me da tranquilidad. Entonces, de manera esquizofrénica me desdoblo, por un lado escucho lo que me dicen y por el otro persisto en mi idea original (terquedad que le dicen). Generalmente es un ensayo - error, en ocasiones funcionan algunas cosas y otras veces no.

Pero no crean que todo es terquedad, intento ser flexible en muchas ocasiones. Escucho y leo de todo, presto atención a un menor porcentaje y algunas de esas cosas las pongo en práctica. A veces me va bien, a veces me va mal. Mientras tanto sigo probando y prestando atención a mi niño, para seguir conociéndolo más y más. Pero así como escucho, pongo atención y pruebo algunas cosas, hay otras que he decidido hacer de cierta manera y quiero que sigan así:

1. Voy a seguir alimentando a mi hijo exclusivamente con leche materna
2. Voy a seguir amamantándolo todo el tiempo que sea posible y que los dos queramos
3. Vamos a seguir durmiendo en el mismo cuarto hasta que ya no entre en el moisés o hasta que duerma la mayor parte de la noche de corrido (lo que pase primero)
4. Voy a seguir cargándolo todo el tiempo que él quiera (aunque a sus tres meses ya me pese mucho).

No pienso ni me preocupa si se va a "mal acostumbrar" a la teta, a los brazos o a dormir con nosotros, porque si hay algo que nos hace bien a los dos, no puede ser una mala costumbre. Y eso lo explica muy bien el dr. Carlos Gonzales, un pediatra catalán, que al menos a mí, me hace mucho sentido todo lo que dice. Aquí un video cortito:



Yo no creo que haya un estilo o un método que sea mejor que otro, creo que cada madre debe encontrar cuál es el suyo, qué cosa le funciona mejor a ella y a su bebé. Y como no nos podemos salvar de lo que nos van a decir "las otras", no nos queda más que escuchar pero prestar atención solo a los que nos hace sentido y nos da tranquilidad,  a nosotras y a nuestros bebés.

miércoles, 17 de abril de 2013

El parto es nuestro


Desde que me enteré que estaba embarazada empecé a desarrollar un especial interés por el parto, no solo por el mío, sino por el parto en general. Descubrí que solo tengo dos amigas que han tenido a sus hijos a través de un parto vaginal. Entre mi falta de información y la sorpresa de que las cesáreas eran lo más común, empecé a desarrollar casi una obsesión por el tema.
¿Por qué no podemos parir a nuestros hijos? Creo que una de las razones es que dejamos que esa decisión la tome el médico porque creemos que sabe más que nosotros y nos aconsejará hacer lo que sea mejor para la madre y el bebé. Y ciertamente en muchos casos ocurre así y qué bueno que existen las cesáreas porque a veces son la única alternativa para que un niño nazca. El problema es que la gran mayoría de partos que pudieron ser naturales, terminan en cesáreas innecesarias.
Con el embarazo ocurre algo curioso porque convive la omnipotencia con la fragilidad, al menos a mi me ocurrió así. La omnipotencia de sentir que estamos gestando una nueva vida, con todo lo que eso implica; pero a la vez, como tenemos que cuidarnos mucho más, nos hacen sentir débiles, frágiles, casi que inútiles (tu no cargues, no corras, no saltes, no te agaches, no hagas fuerza, etc). Nueve meses después es más fácil creer que no podremos dar a luz, que no soportaremos el dolor, que mejor ponernos anestesia lo antes posible. ¿Y si no dilato?, ¿y si me demoro mucho?, ¿y si le pasa algo a mi bebé?. Si hay algo que tiene el parto es incertidumbre, no sabremos cómo será, cuándo será, cuánto durará. Y en realidad lo único que deberíamos saber, es que cuando ocurra podremos parir a nuestros hijos, porque todas las mujeres podemos, estamos hechas para eso.
La decisión de cómo parir debería ser exclusivamente nuestra, porque es nuestro cuerpo y nadie lo conoce mejor que nosotras. Hay muchos mitos alrededor de eso y nos dicen que es necesario el suero, la anestesia epidural, la oxitocina y ni qué decir de la episiotomía!, cuando en realidad lo único que necesitamos es la confianza en nosotras mismas, que podremos parir y que las decisiones durante ese proceso deberían ser nuestras. Los demás solo nos acompañan. 
 
Yo estuve casi nueve meses pensando y preparándome para el parto. Fui descubriendo qué quería y que no quería y lo fui conversando con mi pareja, con mis papás y por supuesto con mi médico. Como se trataba de mi primer parto y absolutamente todo era incierto, decidí que sería mejor hacerlo en una clínica y luego de muchas idas y venidas entendí que eso implicaría tener que aceptar algunas normas y procedimientos. En ese momento empezó el proceso de negociación y sobre todo de tratar de entender por qué hacen algunas cosas. ¿Por qué ponen enema?, ¿y suero?, ¿y si no quiero que me rompan la fuente? , ¿y si no quiero epidural?, ¿y si deseo tener un parto vertical?, ¿en qué momento cortan el cordón?, ¿puede cortarlo el papá?, ¿pueden cortarlo luego que haya dejado de latir?, ¿se puede prescindir de una episiotomía?, ¿y si no quiero que me corten?, ¿no es mejor un desgarro?, ¿pueden poner a mi bebe en mi pecho apenas nazca?. Debo agradecer a mi médico toda la paciencia para responder mis preguntas, explicarme el sentido de algunos procedimientos y sobre todo, la enorme sinceridad de reconocer que muchas veces sus colegas hacen cosas totalmente innecesarias y que en algunos casos, llevan a la mujer a pasar por una cesárea. Saber elegir el médico que nos acompañará durante el parto es de las decisiones más importantes que debemos tomar. Si no nos sentimos con absoluta confianza hay que cambiarlo, porque el parto es nuestro, no hay que olvidarnos de eso.
 
Dos meses después de haber dado a luz, puedo decir que mi parto se pareció mucho a lo que había imaginado. Ayer me preguntaron, ¿qué le diría a otras mujeres que van a dar luz para que puedan tener un parto que cumpla sus expectativas? Lo primero que pensé fue que tengan confianza en que podrán hacerlo. Confianza y seguridad para mostrarse firmes ante las enfermeras y obstetrices cuando quieran mantenernos echadas, ponernos suero, meternos la mano para verificar nuestra dilatación, no dejarnos caminar, etc, etc, etc. Sé que es difícil porque al estar en un clínica hay que aceptar normas y procedimientos (cuanta rabia me produce tener que aceptar cosas con las que no estoy de acuerdo y que además me parecen absurdas!), pero es así. ¿Qué podemos hacer ante eso? Llegar a la clínica lo más tarde posible, cuando nuestro trabajo de parto ya esté avanzado. No hay nada mejor para una mujer en proceso de dilatación que sentirse en confianza, tranquila, cómoda, acompañada. Hacer lo que queramos hacer, ponernos en posiciones que nos alivien el dolor y que además ayuden a la dilatación, comer rico, escuchar música, meternos en una tina caliente. Nuestro cuerpo empezó su trabajo y nuestro bebe el suyo, un trabajo conjunto, nosotras parimos y ellos nacen (no es un esfuerzo menor) y tenemos que ayudarnos mutuamente. El bebé nos necesita y nosotras a él.
 
Yo llegué a la clínica con siete de dilatación, no dejé que me pongan epidural ni suero (y me costó una “pelea” con la obstetriz), como estaba tan avanzada no me pusieron enema. No me pude salvar de que me rompan la fuente (ya estaba en más de nueve y no se rompía) ni de la incómoda episiotomía (previo desgarro). Estuve en una silla vertical y pude ver cuando salía mi bebe. Me costó muchísimo esfuerzo, creo que el mayor que he hecho en toda mi vida, he pujado como nunca, con absolutamente todas mis fuerzas y luego de largos minutos mi bebe descendía por el canal vaginal. Yo había logrado sacarlo y él había logrado nacer. Lo tuve en mi pecho (me abrí la bata para que sintiera mi piel) y rápidamente empezó a succionar. Si hay algo de éxito en mi lactancia materna, se la debo exclusivamente a él.
 
Lo que continuó luego de que naciera mi bebé no fue tan agradable, la expulsión de la placenta y los puntos de la episiotomía y el desgarro, tomaron su tiempo y también causaron dolor, pero la verdad es que ya son detalles menores. Lo más grande e importante había sucedido. Me sentí fuerte, valiente, inundada de amor (y terquedad, porque la mayoría de cosas sucedieron porque yo me mantenía en mi posición), me sentí mujer, más mujer que nunca. La confianza en mí misma creció, había logrado parir y como consecuencia tenía por fin a mi bebé entre mis brazos.
 
Este es mi relato y he querido compartirlo por si acaso sirve de ayuda para alguna mujer que esté próxima a dar a luz. No hay nada mejor ni peor, cada mujer vive su propio parto, su propio proceso, a su manera, como le diga su cuerpo, su mente y su corazón. Solo creo que si hay algo que debemos defender siempre es que el parto es nuestro, así como lo es nuestro cuerpo y nuestro bebé. Somos mujeres y madres y podemos. Todo lo podemos.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Nació mi niño


Hace tiempo en verdad, pero es que la maternidad ha puesto en segundo plano casi todo y aunque tenía muchas ganas de escribir no encontraba el momento adecuado para hacerlo.
Ya voy seis semanas de mamá, que han pasado de manera veloz. Solo me doy cuenta del paso del tiempo cuando cargo a mi hijo y pesa más que el día anterior, cuando le voy a poner un bebecrece y descubro que ya no le queda o cuando empieza a aparecer un rollo más en su cuerpito. Y sin embargo, pese a la rapidez con la que han transcurrido estos días, han significado muchos cambios, emociones, sensaciones que hasta ahora me cuesta trabajo procesar.
 
¿En qué momento empezó todo? El paso de estar embarazada a ser madre es muy rápido y aunque tiene el parto de por medio, se trata de una experiencia tan intensa, que antes de poder asimilar lo que nos sucedió, ya estamos en la casa con un bebe en brazos. De pronto nos encontramos sumergidas en un mundo nuevo, emocionante, maravilloso, pero también agotador, cuestionador y demandante.
 
En mi caso, estoy convencida que en los primeros días estaba bajo los efectos del parto. Me explico, yo tuve un parto que me permitió sentirme valiente, fuerte, mujer. Luego de eso, casi que era super poderosa, entonces no había problema si no dormía, si no descansaba o si no comía. Tenía mil revoluciones dentro y de verdad que no sentía cansancio ni sueño extremo. Estaba principalmente concentrada en amamantar a mi bebe, porque claro, tenía que conseguir una lactancia exitosa (tiene que ver con esto de lo super poderosa); mientras terminaban de llegar los muebles del bebe, lavaba su ropita y compraba cosas que nos faltaban. Esto sumado a que por primera vez estaba viviendo en mi casa, días enteros sin salir, tres comidas al día, lavar, ordenar, limpiar. Mientras descubría la maternidad, descubría lo que es tener que administrar una casa. Absolutamente todo era nuevo, me había convertido en madre y en ama de casa, esto último ni me lo esperaba.

Con el paso de las semanas las cosas empezaron a cambiar. Mi hijo dejó de ser un recién un nacido, su demanda por la leche aumentó, sus horas de sueño disminuyeron y vinieron algunos problemas llamados “gases”. Las mil revoluciones que tenía dentro desaparecieron, sentía agotamiento, sueño, flojera. De pronto me di cuenta que esto de ser madre es una tarea que requiere ser super poderosa pero de verdad, cuesta mucho criar a un bebe, mantener una casa en orden y seguir con la vida de afuera, esa de la que hablaba en el post anterior. He tenido un par de momentos de darme por vencida y reconocer que no puedo sola, que para criar a mi hijo, necesito por lo menos de alguien más. Felizmente que es así y que cuando no está su papá conmigo, está mi mamá y algunas veces están los dos a la vez!
 
La maternidad llega y es difícil anticipar como reaccionaremos. Sobre todo porque aparece en un momento en el que estamos emocionalmente alteradas, estamos puérperas. Y no es solo físico (el cuerpo debe recuperarse del parto, cerrar heridas, reorganizarse por dentro) sino que sobre todo es emocional, interno, íntimo. “Estar puérpera significa acompañar emocionalmente al ser que acaba de pasar el umbral hacia el más acá”. Ese pequeño que tiene que aprender a vivir, tiene que aprender a reconocer sus emociones, sus necesidades, sus deseos y toda madre con él. Para mí, estar puérpera es ir descubriendo con mi bebe cada cosa que nos pasa, sentir juntos, experimentar juntos, frustrarnos juntos, llorar juntos, mirarnos, querernos, cuidarnos y depender el uno del otro. Ahora somos dos, pero emocionalmente seguimos siendo uno solo. En cierta medida ser recién nacido y estar puérpera es la misma cosa.
Canción por el nacimiento de Ramiro:

 

jueves, 31 de enero de 2013

Mi bebé me protege

Y es una experiencia alucinante. La mayor parte del tiempo he tenido la convicción de que era yo quien debía protegerme y protegerlo, cuidarme y cuidarlo, alimentarme y alimentarlo. No era consciente de que en realidad como todo en la vida, esta relación ya tenía mucho de reciprocidad.

Hace un poco más de un mes, mi abuelito materno se puso muy mal de un momento a otro. Todos fuimos “llamados” de emergencia, para lo que podría ser considerado como una despedida. Entramos de uno en uno cubiertos con mascarilla y bata para verlo. Mientras hacíamos la cola, la persona que salía abrazaba a la siguiente que entraría y era inevitable ponerse a llorar.
Yo durante esos minutos, pensaba en como la vida nos da y nos quita, nos regala vida y se la lleva también. Yo era un claro ejemplo de eso. Tenía (tengo hasta ahora) una nueva vida en mi vientre y a la vez, me estaba enfrentando a la posibilidad de perder otra. Tenía también mucho desconcierto, no solo por lo repentino de todo, sino porque una de las personas más entusiasmadas con la llegada de mi bebe, es mi abuelito, que desde hace varios años nos viene reclamando un bisnieto. Y por fin llegaba, el primero y hombre además, como él quería. Me costaba asumir, que podría irse sin conocer a quien ha esperado por tantos años.
En todo momento, durante ese día y los siguientes, mantuve una calma sorprendente. Trataba de consolar, de acompañar, de estar fuerte, para que además me dejaran estar ahí y no me mandaran a mi casa, por todos los riesgos que implica estar en la emergencia de un hospital. Era algo extraño viniendo de mí, que usualmente tengo menos fortaleza y más tristeza y llanto. Hasta mi hermana me comentó en un momento, no puedo creer que no hayas llorado, ¿estás bien? Y sí, lo estaba, pero porque estaba siendo cuidada por mi bebé. No lo supe hasta días después.
El embarazo es un estado particular, por eso mismo también se dice “estar en estado”. Esta conexión especial entre madre y bebe hace que miremos hacia dentro y nos concentremos mucho más en nuestro mundo interior, lo que no nos permite mirar la realidad con la misma objetividad que en otros momentos. Como explica Laura Gutman, vivimos entre dos polos contrapuestos y complementarios: el yin y el yang, lo inconsciente y lo consciente, lo femenino y lo masculino, lo interior y lo exterior. Mientras nos encontramos “en estado” estamos en el mundo del bebe, en el yin, en el mundo interno.
Con razón estoy tan distraída, tan sensible, tan ensimismada, tan concentrada en mí, en mi panza y en mi bebe. Con razón lo externo ha perdido importancia, no me enojo ni me estreso como antes y hasta podría decir, que no me entristezco como antes. Desde dentro hay una fuerza que me acoge, que me cuida y me protege. Una nueva vida ha empezado a habitar mi vida y a transformarme completamente.

Pd. Y lo mejor de todo es que ya falta muy poco para que mi abuelito pueda cargar a su bisnieto. La vida está siendo muy generosa conmigo.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Me va a doler


Desde hace semanas que vengo pensando en el dolor, en lo que significa y sobre todo en la forma en que yo me he relacionado con él durante mi vida. Podríamos decir que le corría al dolor, ya sea físico o emocional. Yo pensaba que esta era una conducta más o menos normal, porque me basaba en el hecho de que a la mayoría de gente no le gusta pasarla mal y por tanto, evitar cualquier situación de dolor, sería lo más sensato.

Sin embargo, desde hace algunos meses, he empezado a ver el dolor de una manera distinta. En menos de tres meses tendré que parir y esta experiencia maravillosa de dar vida y nacer, vendrá acompañada de dolor. ¿Qué tan intenso será?, ¿cómo haré para resistirlo? No estoy muy segura, pero esta vez no le correré al dolor y tampoco quiero hacerlo. Por muchas razones, me siento fortalecida y capaz de afrontarlo y por supuesto superarlo.

Esta conducta de evitación tiene su origen en parte, en la crianza que he recibido. Mi mamá se ha preocupado en que no sienta dolor, ante el primer indicio de algo, tenia una pastilla en mi boca. Si me dolía la cabeza, pastilla; si estornudaba, pastilla; si fiebre más pastillas; si hacía un poco de frío, casaca, chalina, guantes. No se podía correr ningún riesgo. Y así como estas, diversas situaciones que me han hecho creer que el dolor hay que evitarlo, que es mejor no acercarse a él.

Ensimismada en mi maternidad, en mi embarazo, en mi futuro parto y en el dolor, me enteré que un amigo muy querido se había puesto muy mal de pronto, al punto de tener su vida en peligro. En ese momento sentí con más claridad que nunca, que el dolor en cualquiera de sus formas, no se puede evitar. Aparece de cuando en cuando y no es malo, solo es cuestión de saber vivir con él.

Hace tiempo me dijeron que sentir dolor no era lo mismo que sufrir, el dolor es irremediable pero el sufrimiento al ser una decisión, se puede evitar. Por supuesto que es una tarea complicada y es algo que poco a poco voy comprendiendo mejor, creo que como todo, la práctica me llevará a mejores resultados.

Por lo pronto, ahora vivo con el dolor/tristeza/preocupación de tener a mi querido Renato internado, esperando que se solucione su problema de salud. Y en paralelo me preparo para el parto y para vivir mi primera experiencia de dolor físico intenso, que estoy segura superaré con éxito. Luego de eso, que vengan todos los dolores que quieran, aquí estaré para torearlos.
 

jueves, 27 de septiembre de 2012

Almita mía

Descubrí a Marta Gómez hace algunos años y desde que la escucho, siempre vuelvo a ella. He sentido sus canciones precisas, exactas, en muchos momentos de mi vida.
 
Hace poco me volvió a pasar y me detuve sobre una en especial, una que le dedica a su abuelito. Ande con mañita almita mía, que para nosotros sería algo así como “ande con cuidado”. Pensé inmediatamente en mis abuelitas y en todo lo que me han cuidado y se han preocupado por mí; en lo importante que es tener gente que te quiera, que te proteja y que piense en ti. Pensaba además en como estas experiencias nos marcan y trascienden a la vida misma. Hay momentos en los que uno tiene más presente a sus ausentes, ya sea por fechas especiales, situaciones cotidianas o excepcionales. Es justo lo que me está pasando en estos largos y maravillosos meses.

Desde hace 3 meses me enteré que voy a ser madre. Ha sido una noticia que me ha suscitado diversas emociones y sentimientos y que me tiene en un estado de ensoñación. Es sumamente impresionante como en un segundo nuestra vida puede cambiar y una noticia así, remover nuestras entrañas (literalmente). Los cambios físicos, si bien son importantes y notorios, son solo una pequeña parte de todo lo que implica este asombroso proceso de volverse madre.

Dentro de todo lo que pienso, siento y sueño, mis imágenes de madre se van haciendo más presentes y van cobrando más sentido. Esto ha coincidido con el primer aniversario de la muerte de mi abuelita paterna y con el recuerdo del cumpleaños de mi abuelita materna. El tenerlas tan presentes, ha hecho que sienta a mi hijito no solo como un regalo de Dios, sino también como un regalo enviado por ellas. Un regalo en donde la vida le sigue a la muerte, en donde unos ciclos terminan y otros inician. Mis padres ahora serán abuelos y yo madre. Ya no hay quien de manera tierna, como solo los abuelos pueden ser, me cuiden y me digan “derechito a su casa”, ahora soy yo quien tendré que cuidar, proteger, querer y mimar a este nuevo bebé que llegará a iluminar mi vida y mi nueva familia.

Canción para querer y ser querido – Marta Gómez “Almita mía”

“Ande con mañita almita mía
No vaya a ser que me la aporreen por ahí
Ande con cuidao’ corazón mío
No vaya a ser que tanto amor
Me le haga daño corazón”





viernes, 24 de agosto de 2012

Veintitantos años después


Son muchos los cambios que he visto en el Perú a lo largo de estos últimos años. Los indicadores económicos son muy buenos y algunas veces tengo la sensación de estar viviendo en otro país, no en el que he conocido desde que era niña.
Hace algunas semanas Alfredo Torres comentaba en su blog que el crecimiento promedio de 6% en la última década es uno de los mayores del mundo. Gracias a la estabilización y la apertura económica, las empresas se volvieron más competitivas y desde entonces se incrementa la inversión, el consumo y los ingresos fiscales.
Desde la ciudad de Lima y de los sectores más modernos del país, este cambio se siente. Yo me acuerdo cuando el único Centro Comercial que había era Camino Real (Plaza San Miguel había caído en desagracia y su enorme estacionamiento solo se usaba para clases de manejo). Me acuerdo también que pedir teléfono fijo era una odisea, había que esperar años para tener una línea. Nosotros solo tuvimos cuando se privatizó la CPT (Compañía Peruana de Teléfonos), aunque a partir de ese momento empezó nuestra triste historia con Telefónica, pero ese es otro tema.
Me acuerdo también de todos los años en los que vivimos bajo el terror de Sendero Luminoso, yo era muy chica, pero tengo un claro recuerdo de los apagones, de los coches-bomba, de los paros nacionales, de Tarata y sobre todo de la bomba que pusieron en Frecuencia Latina. Ese día no tuvimos clases, mi colegio quedaba muy cerca del canal, todo estaba destruido, recuerdo haber estado en la movilidad y mirar por la ventana sin entender qué había pasado. Debía tener 10 años o menos.
 
En todos esos años también nos tocó (como si fuera poco) el primer gobierno de García. La leche Enci y el pan tolete era lo que comíamos todos los días. Había escasez de leche, de azúcar, de arroz, hiper inflación (pero de eso en realidad tengo el recuerdo que una niña que no trabaja ni conoce el valor del dinero, podría tener). 
 
Otro suceso que caracterizó esa época fueron las olas migratorias. Mi familia, como muchas, empezó a pensar en otro destino como posibilidad para vivir y desde inicios de los 80 fueron emigrando varios tíos, todos a Estados Unidos. Ahora, tengo una gran familia (a la que extraño muchísimo) que vive fuera del país, tíos, primos, primos políticos y sobrinos. Hace poco fui a visitarlos, verlos y verme hizo que recordara como era el Perú en esos años, pero también hizo que sintiera que si bien estamos mejor en muchas cosas, seguimos teniendo carencias y desigualdades que no debemos pasar por alto.
 
Todas estas ideas se originaron varias semanas atrás, empezó con una nota bastante cuestionadora de Patricia del Rio, se acentuó con el viaje a NY y la visita a mi familia, siguió dándome vueltas con otros temas más y recién ahora lo puedo terminar. Para seguir pensando en el progreso, en el pasado, en el futuro y en nuestras ganas de seguir haciendo de este país un mejor lugar donde vivir, para nosotros y para los que vendrán; porque si nos atrevemos a traer niños al mundo es porque confiamos en que así será.